El paisaje

EL PAISAJE

El paisaje morañego es parte de la meseta castellana, formado por infinitas llanuras sembradas con trigo, cebada, remolacha y girasoles. Salpicado de importantes masas forestales de coníferas –pinos–, y alamedas en los ríos y arroyos.

En la Moraña descubrimos una interesante amalgama de pueblos –pequeños, encantadores– de repentinos paisajes verdes rompiendo con la monotonía de las llanuras del cereal, de impresionantes cielos a la puesta de sol (“Mar de la Moraña”, que cambia de color según la estación del año)

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Hasta la invasión musulmana y la Reconquista, toda La Moraña disfrutó de abundantes bosques, pero las guerras entre cristianos y árabes, con sus incendios estratégicos, redujeron la masa arbórea. Las repoblaciones que llevó a cabo el rey Alfonso VI, con la consiguiente necesidad de tierras de cultivo y, por último, la asociación ganadera de Castilla y León conocida como la Mesta, deforestaron la comarca hasta dejarla con el aspecto actual.

Durante siglos, el complejo vegetal de la comarca de La Moraña se ha visto devastado por la mano del hombre, que buscaba tierras para sus cultivos. Así, en una tierra cuyo potencial arbóreo es la encina, ahora encontramos un paisaje de estepa cerealista e inmensos pinares.

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A lo largo de estas estepas, aquellos que busquen vistas amplias y transmisoras de serenidad, podrán perder su mirada entre relieves suaves y zonas llanas de escasas ondulaciones. En ellas se aúnan cereales como el trigo, el centeno, la cebada o la remolacha junto a nuevos cultivos como el girasol, que ponen un toque de color y vitalidad.

Tampoco faltan los viñedos verdes, que rompen la uniformidad de un paisaje típicamente castellano, de amplios horizontes salpicados por pequeños cerros.

Junto a la llanura cerealista y las masas arbóreas de pinares, también componen el paisaje de la comarca los humedales o lagunas, valiosos ecosistemas hogar de numerosas aves.

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